LA GRACIA - Profetas ante los reyes - lunes, 08 junio del 2026.
Jun 7, 2026•Channel
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La primera lectura de hoy está tomada del primer libro de los Reyes, pero la figura central, no sólo en el pasaje de hoy, sino en muchos otros, de este primer libro de los Reyes, no es un rey, o no es directamente un rey, sino un profeta. Y aquí empiezan las enseñanzas para nosotros. Ese periodo de la historia del pueblo de Dios, que es el periodo de los Reyes, abarca propiamente desde el primero de los Reyes, que fue Saúl, después vino David, después Salomón, después Roboam, y con Roboam, hijo de Salomón, se dividió el reino, entre el Reino del Norte, llamado también Israel, y el Reino del Sur, llamado Judá.
Esa es la situación que encontramos. Bueno, después de Roboam, en el sur, y de Jeroboam, en el norte, vienen una serie de reyes, tanto para el Reino del Norte, como para el Reino del Sur. Esto sucede a la altura del siglo IX a.C., pero unos dos siglos después, el Reino del Norte cae, por los avances del Imperio Asirio, eso estamos hablando entonces del siglo VII a.C., y un poco después, en el siglo VI a.C., vamos a encontrar la caída del Reino del Sur, que es cuando los judíos, porque esa fue la tribu que quedó en el sur, son deportados a Babilonia.
En resumen, desde más o menos el siglo X a.C., hasta el siglo VI a.C., unos 500 años más o menos, es el tiempo de los reyes. Y este es el periodo de la historia al que hace referencia el primer libro de los reyes, y también el segundo libro de los reyes. Pero si nosotros miramos en la Biblia, los libros que se refieren a este tiempo son más, porque tenemos también el libro primero de Samuel y segundo de Samuel, después primero de reyes y segundo de reyes, y también los libros primero de crónicas y segundo de crónicas.
Todo esto nos sirve para conocer y amar un poco más nuestra Biblia. Pues bien, esos libros de los reyes son también los libros donde más se muestra la acción de los profetas, empezando por el primero de los reyes, que como ya dije se llamaba Saúl. En tiempo de Saúl tenemos a un gran profeta llamado Samuel.
Después, en tiempo de David, primero tenemos a Samuel y después tenemos a otro profeta llamado Natán. Y así, a lo largo de la vida del pueblo de Dios, cuando tenía reyes, aparecen distintos profetas, hasta llegar, por ejemplo, a la época del destierro, donde nos vamos a encontrar profetas como Ezequiel, como Jeremías y otros. Incluso después del destierro también vienen otros profetas, como por ejemplo Malaquías o Zacarías.
La enseñanza aquí es que allí donde hay reyes, también hay profetas. Y esto me ha llamado mucho la atención. Los reyes y los profetas ocupan prácticamente el mismo espacio dentro del camino, dentro de la historia del pueblo de Dios.
Hay una buena razón para esto. Es que los reyes tenían siempre la tentación, precisamente por el uso del poder, tenían siempre la tentación de adueñarse del pueblo, adueñarse del pueblo. Y esto significa, básicamente, quitarle el reinado a Dios.
Porque el verdadero camino, el camino que Dios quería para los reyes, no era que ellos reemplazaran a Dios o le quitaran el lugar a Dios, sino que ellos fueran los primeros en servir a Dios. Esto es lo esencial. Y por eso, la voz de los profetas va a ser un recordatorio permanente en el oído de los reyes, un recordatorio que les dice, oye, tú eres servidor de la alianza con Dios, porque tú eres servidor de Dios.
Toda la lucha de los profetas, tú piensa en un Isaías, piensa en un Ezequiel, en un Daniel, los nombres grandes que recordamos y también los profetas menores, como puede ser un Nahum, Ageo, Oseas, Joel. Todos los profetas tuvieron siempre un papel y ese papel es ser la memoria viva de la alianza. Son los custodios, son los guardianes de la alianza.
Y como guardianes de la alianza, ellos no van a permitir que la gloria de Dios sea trastornada o sea olvidada por los caprichos de un monarca o por el deseo de importancia de un monarca. Y esto desde el comienzo. Así, por ejemplo, Saúl, pues tenía sus pretensiones de adueñarse del ejército, podríamos decir con un dicho popular, echarse al bolsillo el ejército, en el sentido de ganar popularidad en las batallas que Dios le encomendaba.
Y Samuel le dice, no, no es así, no es así. Es decir, el papel de los profetas, repito, era recordarles a los reyes, tú puedes ser rey del pueblo, pero frente a Dios tú eres siervo, no seas tan rey que se te olvide ser siervo. Bueno, esto vale muy especialmente para el profeta que aparece hoy, en la lectura de hoy, ese profeta es Elías.
Y el profeta Elías tuvo que recordarle al rey de turno, un rey que era completamente manipulado por la esposa, una mujer pagana, cercana a la brujería, llamada Jezabel, pues Elías tenía que recordarle a Ahab, que era el rey, pero un rey marioneta, un rey gobernado completamente por el paganismo de la esposa, tenía que recordarle, oye, hay que ser fiel a la alianza. Esto sucedía en el Reino del Norte, en el Reino del Nort