Homilía de San Jerónimo, presbítero, A los Recién Bautizados - Viernes, 03 de Julio del 2026.

Jul 2, 2026Channel
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Lectura espiritual para el jueves de la décima tercera semana del tiempo ordinario. Homilía de San Jerónimo, presbítero, a los recién bautizados, sobre el Salmo cuarenta y uno. Como busca la sierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Como la sierva del Salmo busca las corrientes de agua, así también nuestros siervos que han salido de Egipto y del mundo, y han aniquilado en las aguas del bautismo al faraón con todo su ejército, después de haber destruido el poder del diablo, buscan las fuentes de la iglesia, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Que el Padre sea fuente, lo hayamos escrito en el libro de Jeremías, me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua, acerca del Hijo leemos en otro lugar, han abandonado la fuente de la sabiduría, y del Espíritu Santo. El que beba del agua que yo le dé, se convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna, palabras cuyo significado nos explica luego el evangelista, cuando nos dice que el Salvador se refería al Espíritu Santo. De todo lo cual se deduce con toda claridad, que la triple fuente de la iglesia, es el misterio de la Trinidad. Esta triple fuente, es la que busca el alma del creyente, el alma del bautizado, y por eso dice, mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No es un tenue deseo el que tiene de ver a Dios, sino que lo desea con un ardor parecido al de la sed. Antes de recibir el bautismo se decían entre sí, ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Ahora ya han conseguido lo que deseaban, han llegado a la presencia de Dios, y se han acercado al altar, y tienen acceso al misterio de salvación. Admitidos en el cuerpo de Cristo, y renacidos en la fuente de vida, dicen confiadamente, pasaré al lugar del tabernáculo admirable, hacia la casa de Dios. La casa de Dios es la iglesia, ella es el tabernáculo admirable, porque en él resuenan los cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta. Decid, pues, los que acabáis de revestiros de Cristo, y siguiendo nuestras enseñanzas, habéis sido extraídos del mar de este mundo, como pececillos con el anzuelo. En nosotros ha sido cambiado el orden natural de las cosas. En efecto, los peces al ser extraídos del mar mueren. A nosotros, en cambio, los apóstoles nos sacaron del mar de este mundo, para que pasáramos de muerte a vida. Mientras vivíamos sumergidos en el mundo, nuestros ojos estaban en el abismo y nuestra vida se arrastraba por el cieno. Más, desde el momento en que fuimos arrancados de las olas, hemos comenzado a ver el sol, hemos comenzado a contemplar la luz verdadera, y por esto, llenos de alegría desbordante, le decimos a nuestra alma, espera en Dios que volverás a alabarlo. Salud de mi rostro, Dios mío.

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