Musulmán el que no bote o como los discursos de odio calan profundamente en la sociedad española

Apr 1, 2026Channel
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Ayer, en un partido amistoso entre España y Egipto, se escuchó “musulmán el que lo bote”. Un cántico que algunos intentan disfrazar de broma, pero que en realidad señala, excluye y convierte en diana a una parte de la sociedad. Y más llamativo aún cuando uno de los referentes de nuestra selección, probablemente el mejor jugador del momento, representa precisamente esa diversidad que algunos parecen querer ridiculizar. No es nuevo. A muchos nos recuerda a cuando en los estadios se coreaba “maricón el que no bote”. También se decía entre risas, también se justificaba como “parte del ambiente”, también parecía inofensivo… hasta que entendimos el daño que hacía. Hasta que como sociedad empezamos a señalarlo y a decir: esto no. El problema es que estamos retrocediendo en algo que ya habíamos empezado a construir. El anonimato de las masas —y también el de las redes— hace que la responsabilidad se diluya. Nadie lo dice “solo”, pero todos lo repiten juntos. Y así, poco a poco, los discursos de odio vuelven a colarse como si fueran normales, como si no tuvieran consecuencias. Pero las tienen. Porque ese tipo de cánticos no se queda en el estadio. Va calando. Va plantando semillas de xenofobia, de homofobia, de machismo. Y esas semillas crecen en el mismo lugar: en la deshumanización del otro. España no es una identidad única ni homogénea. España es una sociedad maravillosamente diversa: personas gays, heterosexuales, católicas, musulmanas, ateas, racializadas, blancas, cis, trans… Esa diversidad no es un problema, es precisamente lo que nos define. Por eso, normalizar este tipo de mensajes no es “folclore”, es un retroceso. Y ya sabemos a dónde llevan esos retrocesos. Hagamos algo básico pero necesario: que vuelva a dar vergüenza ser homófobo, xenófobo o machista. Que no tenga aplauso, ni risa, ni silencio cómplice. Porque esta no es la sociedad a la que debería aspirar un país como España. España, si algo es, es diversidad. Y defenderla no es una opción, es una responsabilidad colectiva.

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