Vivimos en una era obsesionada con la velocidad, pero irónicamente, la tecnología nos ha hecho más lentos donde más importa: la captura de ideas. Dependemos de grabadoras de audio que nunca volvemos a escuchar, de transcripciones automáticas llenas de errores, o del tecleo, que si bien es rápido, nos desconecta del proceso cognitivo.
Cuando escribes a mano, tu cerebro codifica y procesa la información de forma más profunda que cuando tecleas. Es un acto de doble retención. Pero, ¿cómo conciliamos la profundidad de la escritura a mano con la velocidad brutal del aula universitaria?
La respuesta es un arte que ha estado esperándote, paciente, desde 1837: La Taquigrafía Pitman.